domingo, 20 de octubre de 2013

Nueva casa

Me he vuelto a escapar de la cama para escribir unas líneas. Tengo el diario un poco abandonado, pero es que el ajetreo en los últimos meses ha sido intenso. 
Después de las vacaciones de Navidad en casa hubo mucho movimiento. Volvimos a Madrid pero por poco tiempo. Notaba a Papá y Mamá algo nerviosos. Hablaban mucho entre ellos y a la voz del teléfono. Yo me había hecho muy amiga de Jose y Enrique, los conserjes del edificio, que salían siempre a saludarme cuando iba y volvía del cole, y me animaban al pasar con mi moto por delante de la garita. De pronto, un día le oí a Papi despedirse de Jose y decirle que "nos volvemos a casa". Yo no entendía nada, porque ya estábamos en casa, ¿no? Casa había sido Toledo y luego Madrid...¿cuál sería la próxima? 
De un día para otro empezaron a aparecer montones de cajas en el salón, e incluso yo me traje de la calle una más grande que yo. Esas cajas se fueron llenando de libros, películas, y de mis juguetes. ¿Por qué guardaban mis juguetes? ¿Dónde se iban a ir? 
Ya me había acostumbrado a caminar a ciegas por los pasillos de casa, y de unas habitaciones que empezaban a vaciarse. En el cole una mañana Nuria, la profe, me miraba con una cara rara y triste. Al despertarme de la siesta llegaron el resto de profes y me dieron besos diciéndome que me iban a echar de menos. Les decían a mis compis que me tenían que decir adios, que la mañana siguiente no volvería. Efectivamente, Mami y Papi fueron a buscarme y se despidieron de todos. 
El destino era Oviedo, donde vivían los Abus y los Itos, Dani, Gloria y Nico. ¿Mi casa? ¿El cole? 
Os lo contaré más tarde...que creo que Mami ha abierto los ojos y no me ve en la habitación.

Buenas noches.

lunes, 4 de febrero de 2013

18 meses

Hoy me vacunan otra vez. Ya he pasado por esta experiencia antes en mis 18 meses de vida, y aunque soy una veterana no me termino de acostumbrar. No sé qué me pasa cuando veo una bata blanca, que me pongo a llorar nada más verla. Mamá está empeñada en que la culpa la tiene un pediatra de Toledo, que me hizo mucho daño al apretarme la barriga. La verdad es que no lo sé, pero lo único que tengo claro es que no soy yo misma cuando entro en una consulta.
18 meses. Acabo de darme cuenta de que puedo encender la luz de la habitación desde el suelo. Mi mano ya llega al interruptor...y es algo que me sorprende y me alegra al mismo tiempo. Sin darme cuenta ya soy capaz de hacer más cosas. Hace un mes pedía a Papá o Mamá que me empujasen en la moto, y ahora me desplazo yo sola por toda la casa, girando y dando la vuelta cuando quiero, y persiguiendo a Billy por el pasillo. Mi perrina a veces se enfada conmigo porque me lanzo en plancha sobre ella. No lo puedo evitar. Luego la recompenso a base de galletas, dentastix, carne, pasta, patatas...lo que tenga en la mesa y todo lo que me pongan en la mano. Nos llevamos muy bien en el fondo, e incluso compartimos abrazos, besos y escondite en el castillo de plástico. Creo que es única que entiende mi lenguaje, y por eso hablo con ella bastante. 
Hemos pasado las vacaciones de Navidad en Oviedo, con la familia, y he disfrutado como lo que soy, una pequeñina. Fueron casi 17 días en los que aproveché para pasar tiempo con los abuelitos y con los tíos, correteando por los pasillos de mis dos casas de Oviedo. Viví a hombros del abuelito primero y de Papá después el desfile de las carrozas de la Cabalgata de Reyes. No me enteraba demasiado de lo que estaba pasando, entre tanta gente, y lo que más me gustó fue el recorrido de las bandas de música. Todavía no tengo Rey Mago favorito, y tengo pendiente superar mi miedo al Príncipe Aliatar y sus ayudantes, a los que mi pánico me hace esquivarles la mirada.
Hace mucho que no escribía, pero es que he estado tan ocupada descubriendo mi mundo que no he podido pararme a contaros cosas. Os dejo ya, que viene la profe con un cuento en la mano...