sábado, 8 de diciembre de 2012

El peluche

Tenía mucho sueño y empecé a cerrar los ojos. Mami me depositó suavemente en la cuna, y unos segundos más tarde colocó algo junto a mi. Un objeto rojo y alargado, con dos patas y una cola que al ser estirada hacía sonar una música. Era mi zorrito, que todavía a mis casi 17 meses tengo en la caja de los juguetes. Aunque ahora le tenga un poco olvidado entre tantas novedades, peluches parlantes y figuritas, significa mucho porque fue uno de los primeros juguetes que tuve. Ha sobrevivido a dos mudanzas y a los cariñosos ataques de Billy.
Aquellos días estaba aprendiendo a dormir siestas largas en mi nueva cuna. A veces me costaba un poco, porque me sentía sola al despertar, a pesar de que Mamá, Papá o los abuelitos enseguida venían a cogerme en brazos.
Después de unas noches en las que dormía sola en la cuna, mis papás decidieron que era mejor que durmiese con ellos en la cama grande, y la verdad es que el cambio mereció la pena. Desde entonces las horas de sueño se prolongaron, ya que cuando algo me sobresalta siempre me puedo arrimar a Mami, o a Papi, aunque el consuelo es más ventajoso acompañado de una sesión de leche de mamá. No hay nada en el mundo que se pueda comparar a ese momento. El sueño es más placentero con la barriga llena. Muchas cosas cambiaron al cumplir mi primera semana. Empecé a usar el mismo pañal durante más tiempo de noche, y lo prefiero. No me gustaba nada que me pusiesen sobre el cambiador a las 4 de la mañana...¡sólo quería seguir en la camita! El cambio creo que también les sentó mejor a mis papis, a los que veo con mejor cara y mejor humor por la mañana.
Y en todo este tiempo, mi zorrito rojo ha estado ahí, primero en la cuna y luego en la caja de los juguetes siendo testigo de cómo he gateado, cómo me he puesto en pie, y de mis primeros pasos. Pero eso será otra parte de la historia. Ahora toca seguir durmiendo, que no quiero que Mami se despierte con el ruido del teclado. Buenas noches.

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