jueves, 15 de noviembre de 2012

Ya en casa

Un brillo desconocido me cegó los ojos por unos segundos. Se abrió una puerta de cristal y la sillita en la que me había sentado Mamá empezó a moverse ligeramente. Era una sensación muy rara el tener dos tirantes enganchados, imagino que para evitar que me cayera. De todas formas, tampoco pensaba moverme, me conformaba con mirar los árboles y a las personas que me devolvían la mirada. Incluso me sonreían. Papá agarraba la silla y me miraba mucho, con gesto de nerviosismo. Mami tampoco dejaba de mirarme. De pronto, se abrió otra puerta y la silla se apoyó en una más grande. Después comprendí que ibamos en coche a casa, a una de las seis que he conocido hasta ahora.
Al abrir la puerta algo vino corriendo a saludarme. En aquel momento no supe qué o quién era lo que lamía los pies. Siempre había visto a personas más grandes que yo, y Billy era diferente. La sensación fue muy extraña, aunque duró poco. Fue un instante y Papá y Mamá me volvieron a abrazar para tumbarme en una cuna de mayor tamaño que la del hospital.
Todo a mi alrededor olía muy bien, y las sábanas eran muy suaves. Los ojos comenzaron a cerrarse y me quedé dormida.
Me desperté y me sentí sola. La oscuridad me impedía ver nada, y sentí ganas de gritarles a Mami y Papi. Tenía que avisarles de que estaba despierta y de que el pañal me pesaba mucho. Noté que Mamá dio un salto desde la cama, que estaba pegada a la cuna, y encendió una luz de color verde, o eso me pareció. Le dijo algo a Papá que también se levantó. Mami me cogíó con dulzura, me abrazó y besó mi mejilla. Sirvió para que tranquilizase. Me ofreció su pecho y busqué la forma de llegar a eso tan rico que al poco de nacer empecé a tomar. Papi iba y venía de la habitación, encendiendo luces a su paso, mientras que Mami le hacía gestos con la mano. Entonces dejó de moverse y de encender luces.
Entre los dos me cambiaron el pañal muy despacio y volví a dormirme. Era mi primera noche en casa.

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